14.11.11

Las ganas, las ganas.

Tengo tantas cosas que dan vueltas en mi cabeza que ni siquiera sé por dónde empezar. Seguramente éste sea otro escrito que termine borrando por no poder ordenarme. Hoy acomodé el estante de mis libros favoritos (es que de tanto sacarlos para releerlos y volverlos a poner quedan todos en cualquier lado y pierden su armonía visual), quizás, por eso, algo en mí también se acomoda, quién te dice.
Otra vez me quedé con mucho para decir pero sin saber cómo. Puta madre. ¿Será la presión? La presión de que todos esperan cosas extraordinarias de mí y, por ahora, soy una tipa común, con muchos rollos sí, pero no encontré todavía la razón que inmortalizará mi alma. ¿Me explico? No es que no me tenga fe, al contrario, yo sueño con Cortázar, Arlt, Benedetti, Dostoievski,  Kafka, Bukowski y muchos que si los nombro ocuparía gran parte de este texto y no es la idea. Les decía, sueño con ellos, los veo y me veo, y en algún momento seré algo así, viva o muerta, mejor o peor, pero colega al fin. Y no es que me la crea demasiado, sino es que confío en mí y en lo que realmente quiero. Quizás mis ganas de evolucionar, de filosofar, de seguir creciendo, de pensar y no dormirme, de ser mejor a partir de adquirir conocimientos, quizás eso sea lo que me diferencia de los demás (ojo, no me creo Jorge Luis, pero encuentro disparidades abismales entre muchos de los otros y yo); y miren que de lo único que tengo certezas es que mis ojos son muy oscuros, casi tan oscuros como la noche, y nada más. Pero la desigualdad que marco no está en el contenido, en el saber, en si son más o menos inteligentes que yo (no, ¡nada que ver!) sino en las ganas.
El preguntar, leer por curiosidad, querer saber más de lo que sé, no conformarme con lo justo, conocer mucho más de algo que me gusta, no querer perderme en la ignorancia, el orgullo de querer tener todas las respuestas, aunque nunca sea fehacientemente posible. Es eso y nada más que eso. Y me parece que es más que nada por el entorno, porque en donde estoy no es mi lugar; por eso mismo no me entristece estar terminando mi último año de la secundaria, ¡porque me quiero ir!. Y yo, perdonenmé por lo que voy a decir, no voy a extrañar ver a mis amigos y a mis compañeros todos los días porque ya no los aguanto, no los soporto ni un poquito. Yo quiero ir a la facultad y conocer gente que tenga algo (o mucho) que ver conmigo, que haya elegido estar ahí así como lo elegí yo, gente a la que le pueda leer algo groso que leí por ahí por el simple hecho de compartir arte y que sepa apreciarlo, gente con olor a biblioteca y a sahumerios; gente curiosa, gente lectora, gente con ganas...

3.10.11

7. Rayuela

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
Julio Cortázar


1.10.11

Sombras

Y amores anacrónicos,
fantasmas persiguiéndonos
y sueños tan agónicos
el día que se apague el sol.

La peste de esta pasión,
el cólera del corazón,
la noche de la indignación,
el sueño de la destrucción.

22.9.11

Días de lluvia

Ah, los días de lluvia. Pueden llegar a sacar lo mejor o lo peor de nosotros, dependiendo del momento, lo que llevemos dentro. Hoy, por ejemplo, hace frío y es veintidós de septiembre, lo mínimo esperable para dicha fecha es un rayito de sol, de esperanza. Pero no, hace frío, se siente en los huesos, está a punto de llover y entiendo esta lluvia como una revolución. La lluvia me condiciona y se genera dentro de mí una revolución interna y mis lágrimas que quieren salir ya, brotar, dejar de ser y transformarse: convertirse en algo menos triste que una lágrima. Pero tienen miedo, tienen miedo de ser juzgadas, inentendidas, de salir y que nadie las esté esperando afuera (y tienen tanta razón de sentir miedo...).

28.7.11

Resulta que todas mis ideas ahora las plasmo en el bloc de notas del celular, dejando completamente olvidado este espacio. Soy un asco, lo sé. De a poco me voy actualizando.

12.2.11

Todo es tan lindo si es con vos...

9.2.11

Saquen sus conclusiones.

Hay muchas cosas para decir, pero todavía no encuentro el modo adecuado. Si venís a tomarte unos mates conmigo sería mucho más llevadero, pero esto es otra cosa, tiene que tener un poco de formalidad. Yo creía que conocía el dolor, ¡qué equivocada estaba!. Lo que me duele estar perdiéndote no tiene nombre...
Tengo miedo de que todo se olvide, de que todos los años que pasamos juntas, todas las alegrías, de que nuestra manera de crecer y de ver el mundo se diferencien y tomemos caminos muy distintos. Yo te quiero conmigo, a la par, de la mano, AL LADO MÍO. Hace un año que ya no es lo mismo que antes, pero con tal de verte sonreír, no importó y seguí adelante. Pero es algo que pasa: El amor no se puede negar. No puedo ir contra eso. Me siento horrible por todo lo que estoy pensando, pero no puedo dejar de sentir así. Tengo mucho miedo de perderte, sos tan importante en mi vida.
Salgo de una mala y entro en otra peor...

8.2.11

Pensar no cuesta nada.

Te ponés a pensar y pensás, y pensás. Te tomás un café y pensás. Eu, está bueno pensar! Aunque eso nunca salga de tu cabeza. Hoy tenía mucho sueño y ganas de verlo, para no dormirme me preparé un café fuertísimo, y solitas un montón de ideas vinieron a mí.
Hoy por hoy, pareciera que una nueva etapa en mi vida se está abriendo. Vida nueva, superaciones, puertas que se cierran pero ventanas que se abren. Mi manera de ver las cosas se va alterando y voy cambiando cada día un poquito más gracias a las experiencias que me gano en el día a día. Hasta hace un mes creía haber encontrado al amor de mi vida, al padre de mis hijos, la luz de mis ojos, mi otra mitad... PENDEJA TENÉS DIECISIETE AÑOS! Calmate!!!!  Teikirisi, pichona.Tiempo al tiempo. Hoy entiendo que nada es eterno, nada es para siempre (homonimando al título de este blog). Va a haber muchos "hombres de mi vida", cada uno marcará el principio y el final de un ciclo. Pero eso de vivir enamorada, de que todo es perfecto, todo es color de rosa... ya no es para mí. Las princesas, los finales felices y nada es imposible son una etapa vivida y descartada. Porque el amor es más que reirse juntos, ir agarrados de la mano, compartir veranos y noches inolvidables; el amor es estar ahí, al pie del cañón. En las buenas y en las malas. Los amores a distancia y los de verano son perfectamente falsos; porque claro... En verano somos todas lindas, bronceadas, copadas, no tenemos preocupaciones, hakuna matata, viva la pepa. Y después? Cuando llegás en febrero y tenés que rendir lo que te llevaste? Cuando te invade el invierno? Cuando estás solo? Cuando te despertás de mal humor, deseando nunca haber nacido? El amor de verano/distancia no está ahí, conociéndote, abrazándote a pesar de todo, llorando con vos, sufriendo con vos. Estando lejos, lo único que te une a la otra persona son recuerdos, recordás el eco feliz de lo que fue; pero de cerca se ve el detalle, lo real, lo imperfecto, el defecto. Y, amar, para mí, es aceptar el defecto y amarlo. Odiarlo, quererlo, amarlo hasta que te guste. Hasta que ese defecto, que todos ven, que está a flor de piel, ya no califique como defecto. Entender que ninguno es igual a uno mismo, aceptar al otro como un individuo y hacerlo parte de vos.

7.2.11

Al fin.

Cuando volví de la costa decidí sacar el portaretrato que guardaba nuestra foto de la mesita de luz. Gran avance. Es que es así, siempre lo dije: Los viajes te cambian. El amor te cambia. Cambia, todo cambia. Por alguna extraña razón, el portaretrato aparecía erguido, como si nada hubiese pasado, en algún rincón de mi habitación. A la empleada le gusta verme sufrir, parece... Pero no lo logró. Porque veo esa foto, te veo, te encuentro, aparecés y no me pasa nada. Ni siquiera me inmuto. Está claro que estoy más que contenta, pero por otro lado siento nostalgia por todo eso lindo que me pasaba con vos y... ya no está. La vida es así, gira, cambia.
Fue un proceso que me tomó cerca de dos años y ya no tiene vuelta atrás. Pasé por muchos bares, almohadas empapadas, noches de amigas para olvidarte y me faltaba eso que ya llegó. Un poco de risa, un poco de amor, un poco de vida. Un poco de lo que no supiste darme. Buena vida para todos! Y ponganse contentos... por mí. Yo estoy feliz!

5.2.11

Me gusta.

A mí me gusta el hombre REAL. A ese que le sobra pancita, ese que se queda dormido, el que se olvida de alguna que otra fecha, el que tiene defectos pero se ríe de ellos, convive con ellos... Ese que además de ser sexo es amigo, ese al que mirás y ya te reís por algún código que tienen, ese que te cela a la muerte y que te quiere sólo para él (aunque a veces molesta, te hace sentir querida). Ese típico hombre que sigue a su equipo de fútbol en las buenas y en las malas, que no cambia la play con amigos por nada en el mundo, que no es perfecto, que no te empalaga. No es el más dulce, ni el más bueno, ni el más lindo, ni el más romántico... Pero sabés que está. Te roba siempre una sonrisa, llena tus días de luz y sabe exactamente qué es lo mejor para vos.  Me gusta el hombre que me quiera, que me conozca, que ame a su familia y a sus amigos, que nunca se olvide de quién realmente es, que tenga la experiencia suficiente para valorar las alegrías que se le presentan. Me gusta el que duda, el que a veces no sabe lo que quiere, el que se permite tropezar. No me gusta el que sigue un camino ya armado, sino el que va haciendo su camino al andar. Me gusta que se ría de él, que me abra los ojos, que me muestre todo lo lindo que tenemos y todo lo feo que podemos llegar a tener. Me gusta el hombre que no promete cosas sin sentido, que no vuele, que no te ilusione; ese hombre sincero que siempre encuentra un pero. Imperfecto. Me gustás.

23.1.11

¿Confiar?

Seguramente sea algo temprano para hablar de cosas como estas, porque a mis cortos diecisiete años de edad, no tengo la experiencia suficiente para hablar con real exactitud, pero sin embargo es algo que me pasa o que comienza a pasarme y lo percibo. Es que la traición no fue hecha ni para mí ni para nadie. ¿Quién te dice? Quizás algunos esperan ser traicionados, ya saben lo que les viene y se resignan a vivirlo y superarlo; pero yo no me manejo así, no es mi forma. Definitivamente no soy yo. Hoy por hoy dudo mucho al momento de afirmar en quienes puedo confiar. Si te digo que te quiero y que voy a estar ahí cada vez que me necesites, te estoy dando mi palabra y te aseguro que podés poner las manos en el fuego por eso; pero en realidad yo no estoy confiando en vos! O estoy tratando de confiar, pero hay algo que no me cierra. ¿Mis amigas van a ser mis amigas siempre? ¿ Mis hermanos van a acordarse de mí cuando crezcan? ¿Será verdad lo que me estás diciendo? ¿Estás seguro de que me amás, de que me querés? Porque ya me mentiste una vez y no creo poder volver a creerte.
Una vez que alguien en quién confiás y a quien querés te miente y te traiciona, ¿cómo lo mirás a los ojos y volvés a tomar su palabra? Debe haber vuelta atrás, pero a mí me cuesta mucho. Demasiado. Es que creo que yo tengo el récord, que me gusta el dolor. Sí, a mí solamente me pasa repetidas veces con una misma persona y lo peor es que no siempre termina igual, sino peor. No sólo que me cuesta volver a ser la que antes era para con él, sino que me cuesta abrirme con otros también. Y sí, una vez de padecer todo lo que padeciste, te resguardás de cualquiera que pueda lastimarte. Preferible no tirarse a la pileta si no sabés si tiene agua, no?
Los grandes dilemas que surgen cuando uno se cuida y se plantea este tipo de situaciones son lógicos. ¿Y si la pileta estaba llena de agua? No confiar es dejar de vivir, dejar de tomar riesgos y no permitirse ser feliz. El que no arriesga no gana y el que arriesga puede morir por amor. Todo queda en uno, DEPENDE DE VOS VIVIR.

Y yo tengo miedo de estar dejando de vivir...

11.1.11

Vivir sin aire.

Volver a casa, a la soledad de mi habitación, al calor insoportable de la ciudad fue horrible. El primer vistazo que le di a mi cuarto fue nostálgico; ya hasta me había olvidado de cómo era, de sus oscuridades, de sus soledades. Otra vez sola. En esos momentos es cuando entendés cómo un viaje te cambia. ¿Por qué los viajes nos cambian? ¿Por qué sentía que ya no era la misma que hacía menos de un mes había partido? Regresar a casa es una mezcla de sensaciones. Por un lado se puede decir que está la melancolía y por otro la felicidad. Felicidad por el simple hecho de volver a casa, porque, en casa, siempre hay algo de paz; y melancolía por todo lo nuevo que tuvimos que dejar atrás, todo a lo que nos acostumbramos a tener.

Dicen que el hombre es costumbrista y es verdad, nos gusta la costumbre. Nos desconcierta, nos inquieta cualquier cosa que nos saque de eso. "¿Para qué cambiar si así estamos bien?" ¿Cómo hacer para aprender a vivir sin eso que, creés, es la razón de tu vida? Da pánico volver y darse cuenta de que todo cambió, de que nada es como solía ser. Cuando te acostumbrás a un olor, a un tipo de piel, a una sonrisa, a un amor... Perder eso es como tratar de vivir sin aire.