17.2.12

Yo podría haberlo hecho mejor.
Vos podrías acercarte a mí.

16.2.12

No me diga. ¿Así que se le rompió el ventilador?
Entonces, señor, ¡péguese un tiro!


Buenos Aires IN FER NAL

Descartables.

De a poco te das cuenta que en tu vida casi no hay imprescindibles, que tus amigos no son amigos en verdad, que las relaciones familiares no tienen por qué ser siempre tan amorosas como las describen y que mucho de lo que creías algo re copado en tu vida en realidad no es tan así.
Dejar ir o no dejar ir, esa es la cuestión.
No sé si será porque me falta un golpe de horno o porque ciertamente los años me han ayudado a crecer, pero  creo que con el tema de letitbear estoy muy curtida, hasta te diría que casi no me duele ("casi" porque sino me doliera ni me pasaría nada no me explayaría por acá). Tal vez esté muy equivocada pero hoy por hoy estoy prefiriendo perder personas antes que conservarlas; no porque me hagan mal, no porque me angustien sino por mera afinidad, porque ya siento que no tenemos nada para compartir; otras veces siento que estamos desniveladísimos, no porque me crea más o menos, más bien porque estamos en momentos muy distintos, etapas diferentes; sinceramente si pierdo el interés en la persona, se pierde todo.
Hablando así pareciera que uso a la gente como vasos descartables. A veces yo lo creo también.

14.11.11

93. Mi favorito

Pero el amor, esa palabra... Moralista Horacio, temeroso de pasiones sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de todos los olvidos o los recuerdos. Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta que tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación del amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero. Claro que te curarás, porque vivís en la salud, después de mí será cualquier otro, eso se cambia como los corpiños. Tan triste oyendo al cínico de Horacio que quiere un amor pasaporte, amor pasamontañas, amor llave, amor revólver, amor que le dé los mil ojos de Argos, la ubicuidad, el silencio desde donde la música es posible, la raíz desde donde se podría empezar a tejer una lengua. Y es tonto porque todo eso duerme un poco en vos, no habría más que sumergirte en un vaso de agua como una flor japonesa y poco a poco empezarían a brotar los pétalos coloreados, se hincharían las formas combadas, crecería la hermosura. Dadora de infinito, yo no sé tomar, perdoname. Me estás alcanzando una manzana y yo he dejado los dientes sobre la mesa de luz. Stop, ya está bien así. También puedo ser grosero, fijate. Pero fijate bien, porque no es gratuito. ¿Por qué stop? Por miedo a empezar las fabricaciones, son tan fáciles. Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los atás con ayuda de las palabras, perras negras, y resulta que te quiero. Total parcial: te quiero. Total general: te amo. Así viven muchos amigos míos, sin hablar de un tío y dos primos, convencidos del amor-que-sienten-por-sus-esposas. De la palabra a los actos, che; en general, sin verba no hay res. Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiera elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al vesre. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto.

J. Cortázar, Rayuela, Capítulo 93 (fragmento).

No se puede olvidar a quien se quiere

(...) Y nos vamos a pelear, ella se va a vestir corriendo y va a querer salir, yo la voy a parar en la puerta de la pieza y nos vamos a empezar a besar y todo de nuevo. Ay, no se puede... No se puede olvidar a quien se quiere. Vamos a terminar abrazados, hablando de Fidel, de los piqueteros, de los mismos temas de hace quinientos años. Ay no se puede, ay no se puede, olvidar a quien se quiere. Vamos a hablar de nuestro amor, vamos a llorar, vamos a desesperarnos, vamos a pedirnos perdón y comenzar de nuevo. Me vas a decir: Cucu, ya tenés un nido con un montón de hijos, y no te puedo pedir eso porque ya lo tenés. Repito tus palabras, pa qué voy a usar guiones, si tus palabras son las mías, si vos sos yo, estás dentro de mí, me vas a decir que no te puedo dar lo que necesitás, que tenés 17 años, y yo ya tengo mi vida hecha y lo peor de todo es que tenés razón, mi amor, bella de mi vida, que este amor es puro sufrimiento, como ser hincha de Racing, este amor es un amor de un cuarteto de Rodrigo, o una cumbia de Karicia, que no querés ninguna cumbia de nadie, que querés un compañero para vos y no compartido, y lo peor de todo es que tenés toda la razón del mundo. Que no te querés esconder toda la vida, que tu amor es puro, que merecés otra cosa. Mi amor, merecés lo mejor del mundo, y yo estoy muy lejos de ser siquiera lo mejor del edificio donde vivo.
   La amargura, la realidad, la verdad, la mentira, todo lo vamos a romper, mi amor, metiéndonos en el baile a bailantear, a cumbiantear hasta morir que ahí nuestro amor es real y libre como nunca, como no lo es ni lo será nunca afuera. En la bailanta nuestro amor se libera al ritmo de la música, lo único que nos queda. Salto de la cama y me pego un baño con agua fría para olvidar el bajón de este amor.

                      Washington Cucurto, El curandero del amor, página 32.


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Las ganas, las ganas.

Tengo tantas cosas que dan vueltas en mi cabeza que ni siquiera sé por dónde empezar. Seguramente éste sea otro escrito que termine borrando por no poder ordenarme. Hoy acomodé el estante de mis libros favoritos (es que de tanto sacarlos para releerlos y volverlos a poner quedan todos en cualquier lado y pierden su armonía visual), quizás, por eso, algo en mí también se acomoda, quién te dice.
Otra vez me quedé con mucho para decir pero sin saber cómo. Puta madre. ¿Será la presión? La presión de que todos esperan cosas extraordinarias de mí y, por ahora, soy una tipa común, con muchos rollos sí, pero no encontré todavía la razón que inmortalizará mi alma. ¿Me explico? No es que no me tenga fe, al contrario, yo sueño con Cortázar, Arlt, Benedetti, Dostoievski,  Kafka, Bukowski y muchos que si los nombro ocuparía gran parte de este texto y no es la idea. Les decía, sueño con ellos, los veo y me veo, y en algún momento seré algo así, viva o muerta, mejor o peor, pero colega al fin. Y no es que me la crea demasiado, sino es que confío en mí y en lo que realmente quiero. Quizás mis ganas de evolucionar, de filosofar, de seguir creciendo, de pensar y no dormirme, de ser mejor a partir de adquirir conocimientos, quizás eso sea lo que me diferencia de los demás (ojo, no me creo Jorge Luis, pero encuentro disparidades abismales entre muchos de los otros y yo); y miren que de lo único que tengo certezas es que mis ojos son muy oscuros, casi tan oscuros como la noche, y nada más. Pero la desigualdad que marco no está en el contenido, en el saber, en si son más o menos inteligentes que yo (no, ¡nada que ver!) sino en las ganas.
El preguntar, leer por curiosidad, querer saber más de lo que sé, no conformarme con lo justo, conocer mucho más de algo que me gusta, no querer perderme en la ignorancia, el orgullo de querer tener todas las respuestas, aunque nunca sea fehacientemente posible. Es eso y nada más que eso. Y me parece que es más que nada por el entorno, porque en donde estoy no es mi lugar; por eso mismo no me entristece estar terminando mi último año de la secundaria, ¡porque me quiero ir!. Y yo, perdonenmé por lo que voy a decir, no voy a extrañar ver a mis amigos y a mis compañeros todos los días porque ya no los aguanto, no los soporto ni un poquito. Yo quiero ir a la facultad y conocer gente que tenga algo (o mucho) que ver conmigo, que haya elegido estar ahí así como lo elegí yo, gente a la que le pueda leer algo groso que leí por ahí por el simple hecho de compartir arte y que sepa apreciarlo, gente con olor a biblioteca y a sahumerios; gente curiosa, gente lectora, gente con ganas...

3.10.11

7. Rayuela

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
Julio Cortázar


1.10.11

Sombras

Y amores anacrónicos,
fantasmas persiguiéndonos
y sueños tan agónicos
el día que se apague el sol.

La peste de esta pasión,
el cólera del corazón,
la noche de la indignación,
el sueño de la destrucción.

22.9.11

Días de lluvia

Ah, los días de lluvia. Pueden llegar a sacar lo mejor o lo peor de nosotros, dependiendo del momento, lo que llevemos dentro. Hoy, por ejemplo, hace frío y es veintidós de septiembre, lo mínimo esperable para dicha fecha es un rayito de sol, de esperanza. Pero no, hace frío, se siente en los huesos, está a punto de llover y entiendo esta lluvia como una revolución. La lluvia me condiciona y se genera dentro de mí una revolución interna y mis lágrimas que quieren salir ya, brotar, dejar de ser y transformarse: convertirse en algo menos triste que una lágrima. Pero tienen miedo, tienen miedo de ser juzgadas, inentendidas, de salir y que nadie las esté esperando afuera (y tienen tanta razón de sentir miedo...).

28.7.11

Resulta que todas mis ideas ahora las plasmo en el bloc de notas del celular, dejando completamente olvidado este espacio. Soy un asco, lo sé. De a poco me voy actualizando.

12.2.11

Todo es tan lindo si es con vos...

9.2.11

Saquen sus conclusiones.

Hay muchas cosas para decir, pero todavía no encuentro el modo adecuado. Si venís a tomarte unos mates conmigo sería mucho más llevadero, pero esto es otra cosa, tiene que tener un poco de formalidad. Yo creía que conocía el dolor, ¡qué equivocada estaba!. Lo que me duele estar perdiéndote no tiene nombre...
Tengo miedo de que todo se olvide, de que todos los años que pasamos juntas, todas las alegrías, de que nuestra manera de crecer y de ver el mundo se diferencien y tomemos caminos muy distintos. Yo te quiero conmigo, a la par, de la mano, AL LADO MÍO. Hace un año que ya no es lo mismo que antes, pero con tal de verte sonreír, no importó y seguí adelante. Pero es algo que pasa: El amor no se puede negar. No puedo ir contra eso. Me siento horrible por todo lo que estoy pensando, pero no puedo dejar de sentir así. Tengo mucho miedo de perderte, sos tan importante en mi vida.
Salgo de una mala y entro en otra peor...