14.11.11

No se puede olvidar a quien se quiere

(...) Y nos vamos a pelear, ella se va a vestir corriendo y va a querer salir, yo la voy a parar en la puerta de la pieza y nos vamos a empezar a besar y todo de nuevo. Ay, no se puede... No se puede olvidar a quien se quiere. Vamos a terminar abrazados, hablando de Fidel, de los piqueteros, de los mismos temas de hace quinientos años. Ay no se puede, ay no se puede, olvidar a quien se quiere. Vamos a hablar de nuestro amor, vamos a llorar, vamos a desesperarnos, vamos a pedirnos perdón y comenzar de nuevo. Me vas a decir: Cucu, ya tenés un nido con un montón de hijos, y no te puedo pedir eso porque ya lo tenés. Repito tus palabras, pa qué voy a usar guiones, si tus palabras son las mías, si vos sos yo, estás dentro de mí, me vas a decir que no te puedo dar lo que necesitás, que tenés 17 años, y yo ya tengo mi vida hecha y lo peor de todo es que tenés razón, mi amor, bella de mi vida, que este amor es puro sufrimiento, como ser hincha de Racing, este amor es un amor de un cuarteto de Rodrigo, o una cumbia de Karicia, que no querés ninguna cumbia de nadie, que querés un compañero para vos y no compartido, y lo peor de todo es que tenés toda la razón del mundo. Que no te querés esconder toda la vida, que tu amor es puro, que merecés otra cosa. Mi amor, merecés lo mejor del mundo, y yo estoy muy lejos de ser siquiera lo mejor del edificio donde vivo.
   La amargura, la realidad, la verdad, la mentira, todo lo vamos a romper, mi amor, metiéndonos en el baile a bailantear, a cumbiantear hasta morir que ahí nuestro amor es real y libre como nunca, como no lo es ni lo será nunca afuera. En la bailanta nuestro amor se libera al ritmo de la música, lo único que nos queda. Salto de la cama y me pego un baño con agua fría para olvidar el bajón de este amor.

                      Washington Cucurto, El curandero del amor, página 32.


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