Uno cuando está enamorado, está cegado. Cegado por el amor, por la felicidad, por el mundo color de rosa, por lo que sea; pero no ves, no te das cuenta qué está pasando alrededor tuyo, nos sos consciente de lo que podrá ser. Yo, personalmente, creía que no había vida después de vos, que mi trascender terminaba ahí, en vos. Ya me había acostumbrado a una vida al lado tuyo, imaginaba un futuro feliz con vos y creía que nada podía salirme mal; porque, de verdad, confié en todo lo que solías decirme.
Hoy, me doy cuenta, que nunca se termina de conocer a nadie, que nunca hay que poner las manos en el fuego por alguien porque vas a salir perdiendo. Estoy tratando de entender, tratando de darle una explicación a mi corazón, buscando las palabras justas para que entienda que YA NO ESTÁS, pero que, a pesar de todo, no hay mal que por bien no venga. Que tal vez me equivoqué, que no eras el que ambos creíamos. Pero, cómo va a entender eso después de dar tanto amor, después de entregar todo y terminar lastimado? Ojalá no tengo miedo a volver a amar, ojalá sepa entender, ojalá rellene tu lugar con algo más.
Y, es raro, pero te estoy amando y odiando al mismo tiempo. No es una cosa ni la otra, son las dos. Te convertiste en el ser al que quiero ver muerto, sí; pero también sigo llorando, me sigo acordando e imaginando cómo sería todo si estuvieras acá, conmigo. Pero ya no se puede hacer más nada. Ojalá el tiempo pueda borrar el amor (yo sé que los malos sentimientos no se van a ir), ojalá mi corazón pueda volver a amar, ojalá algo me demuestre que hay vida después de vos, que sí puedo seguir adelante.
