23.1.11

¿Confiar?

Seguramente sea algo temprano para hablar de cosas como estas, porque a mis cortos diecisiete años de edad, no tengo la experiencia suficiente para hablar con real exactitud, pero sin embargo es algo que me pasa o que comienza a pasarme y lo percibo. Es que la traición no fue hecha ni para mí ni para nadie. ¿Quién te dice? Quizás algunos esperan ser traicionados, ya saben lo que les viene y se resignan a vivirlo y superarlo; pero yo no me manejo así, no es mi forma. Definitivamente no soy yo. Hoy por hoy dudo mucho al momento de afirmar en quienes puedo confiar. Si te digo que te quiero y que voy a estar ahí cada vez que me necesites, te estoy dando mi palabra y te aseguro que podés poner las manos en el fuego por eso; pero en realidad yo no estoy confiando en vos! O estoy tratando de confiar, pero hay algo que no me cierra. ¿Mis amigas van a ser mis amigas siempre? ¿ Mis hermanos van a acordarse de mí cuando crezcan? ¿Será verdad lo que me estás diciendo? ¿Estás seguro de que me amás, de que me querés? Porque ya me mentiste una vez y no creo poder volver a creerte.
Una vez que alguien en quién confiás y a quien querés te miente y te traiciona, ¿cómo lo mirás a los ojos y volvés a tomar su palabra? Debe haber vuelta atrás, pero a mí me cuesta mucho. Demasiado. Es que creo que yo tengo el récord, que me gusta el dolor. Sí, a mí solamente me pasa repetidas veces con una misma persona y lo peor es que no siempre termina igual, sino peor. No sólo que me cuesta volver a ser la que antes era para con él, sino que me cuesta abrirme con otros también. Y sí, una vez de padecer todo lo que padeciste, te resguardás de cualquiera que pueda lastimarte. Preferible no tirarse a la pileta si no sabés si tiene agua, no?
Los grandes dilemas que surgen cuando uno se cuida y se plantea este tipo de situaciones son lógicos. ¿Y si la pileta estaba llena de agua? No confiar es dejar de vivir, dejar de tomar riesgos y no permitirse ser feliz. El que no arriesga no gana y el que arriesga puede morir por amor. Todo queda en uno, DEPENDE DE VOS VIVIR.

Y yo tengo miedo de estar dejando de vivir...

11.1.11

Vivir sin aire.

Volver a casa, a la soledad de mi habitación, al calor insoportable de la ciudad fue horrible. El primer vistazo que le di a mi cuarto fue nostálgico; ya hasta me había olvidado de cómo era, de sus oscuridades, de sus soledades. Otra vez sola. En esos momentos es cuando entendés cómo un viaje te cambia. ¿Por qué los viajes nos cambian? ¿Por qué sentía que ya no era la misma que hacía menos de un mes había partido? Regresar a casa es una mezcla de sensaciones. Por un lado se puede decir que está la melancolía y por otro la felicidad. Felicidad por el simple hecho de volver a casa, porque, en casa, siempre hay algo de paz; y melancolía por todo lo nuevo que tuvimos que dejar atrás, todo a lo que nos acostumbramos a tener.

Dicen que el hombre es costumbrista y es verdad, nos gusta la costumbre. Nos desconcierta, nos inquieta cualquier cosa que nos saque de eso. "¿Para qué cambiar si así estamos bien?" ¿Cómo hacer para aprender a vivir sin eso que, creés, es la razón de tu vida? Da pánico volver y darse cuenta de que todo cambió, de que nada es como solía ser. Cuando te acostumbrás a un olor, a un tipo de piel, a una sonrisa, a un amor... Perder eso es como tratar de vivir sin aire.