La única persona que va a acompañarme toda la vida...
soy yo.
28.11.10
8.11.10
Hoy
Hoy entendí que el amor es uno y para siempre, que la vida nos envía señales todo el tiempo que la mayor parte de las veces no sabemos ver. Hoy sé que las respuestas para esta vida no hay que buscarlas en libros, enciclopedias ni internet, sino que hay que aprender a leerse a uno mismo. Que muchas de las cosas que creemos eternas duran lo que un suspiro, que el amor no se trata de encerrarse en una persona, sino conocerla enteramente, en cualquier ámbito y contexto. Hoy asimilé que las cosas no hay que reprimirlas ni negarlas, simplemente dejarlas ser. Aprendí que el sol no siempre brilla ni el cielo es siempre celeste. Hoy estoy orgullosa de la mujer que soy, de las amistades que sembré, de mis logros, de mis virtudes y de mis defectos. Hoy puedo decir que lo más lindo de esta vida consta en amar, en dar y no esperar nada; en sonreír, en alegrarse sin motivos. Hoy supe ver que a veces, la mejor compañía está dentro de uno mismo. Hoy comprendí que nadie te enseña cómo vivir, que a vivir se aprende simplemente viviendo; nadie te dice que vas a sufrir tanto ni nadie es capaz de prepararte para lo que vendrá. Hoy sé que del amor al odio hay un solo paso, que odiar es nuestra peor forma de amar. Hoy descubrí que “tiempo al tiempo” no siempre es la mejor opción, que el tiempo a veces cura… y a veces no. Hoy sé que no vale la pena vivir, sin una buena causa para morir.
7.11.10
Sonríe porque sucedió
A pesar de todo lo que pasó, lo que sufrí, lo que lo extraño, lo que lo necesito ahora no me arrepiento de nada. Porque conocerlo me cambió la vida, me ayudó a crecer, cambió mi perspectiva. Con él conocí sensaciones que no sabía siquiera que existían, aprendí a querer a alguien por sobre todas las cosas y entendí el significado de 'para siempre'. Dicen que el amor llega cuando uno menos lo espera, así fue con él. De la misma forma que llegó, se fue. Inesperadamente, sin despedirse, sin avisar, sin abrazarme, sin recordarme que jamás iba a olvidarme. Así pasaron los meses y aprendí a convivir con su ausencia, con el dolor de saber que ya no estaba conmigo y que sus labios ya no me pertenecían. Fui fuerte y seguí, recorrí el camino que la vida me iba mostrando, pero nunca dejé de pensarlo,extrañarlo ni amarlo.
El ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, no? Yo no podía ser la excepción de la regla, y volví a caer. Volvió mi piedra, volvió él. Sí, yo caí; pero no me esforcé por esquivarlo. Había pasado más de un año de la última vez que había sido mío y, sin embargo, era todo como el primer día que lo vi: Las típicas mariposas, los nervios de volver a verlo, los silencios incómodos, las risas idiotas, las promesas efímeras; la magia de los enamorados. El amor es siempre igual, es uno, es único. 'Quizás en esta oportunidad funciona. Ya estamos más grandes, sabemos lo que queremos.' Me decía y en realidad, la única que había crecido era yo. Sentí al amor en mis huesos otra vez y había sido gracias a él; nadie me había hecho sentir así. Nadie me había dado tanto con una sonrisa, nadie me había hecho ser feliz sólo siendo feliz... Pero, sólo la ilusión trae desilusión y, sin decir más, volvió a irse. Se fue pensando en él mismo, no le importó nada más, ni lo que sentía, ni lo que podía llegar a ser de mi si él no estaba conmigo; me hirió como jamás nadie lo había hecho y nuevamente me cambió. Su partida hizo de mi otra persona: cerrada, desconfiada, incapaz de volver a amar (por lo menos eso creía). No lo voy a negar, lo quiero y mucho. Lo amo. Pero mi confianza se quebró al igual que mi corazón. ¿Cómo hago yo para seguir? ¿Cómo se mantiene la mente en alto después de tanto dolor? No sólo me lastimó a mi, a mi corazón y a mi confianza, sino que también hirió a mi orgullo, y, para mí, eso es algo imperdonable.
Los días pasaban después de su partida y creía que nada tenía sentido. Todo guardaba relación con él, vivía en cada aroma, en cada libro, en cada canción, en cada recuerdo. No podía dejar de extrañarlo y lo único que hubiera pedido en ese momento si me daban a elegir, era un beso suyo, a pesar de todo el odio que le guardaba. Sí, lo odiaba. Odiar es nuestra peor forma de amar, creo yo. Lo seguía amando, pero no como antes. Ya nada era como antes. Antes su felicidad era mi felicidad y, en ese momento, su desdicha era mi satisfacción. Había momentos en los que dejaba todos mis sentimientos de lado y pensaba que, a lo largo de nuestra vida, siempre va a haber personas que nos lastimen y vamos a necesitar perdonarlas. Yo quería perdonarlo, podía hacerlo, mi orgullo podía ser dejado de lado nuevamente por él. Pero, ¿cómo perdonás a alguien que no quiere tu perdón? Tenía que entender que el tiempo había pasado para los dos y que, en vez de lamentarme, lo mejor era sonreír porque sucedió.
El ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, no? Yo no podía ser la excepción de la regla, y volví a caer. Volvió mi piedra, volvió él. Sí, yo caí; pero no me esforcé por esquivarlo. Había pasado más de un año de la última vez que había sido mío y, sin embargo, era todo como el primer día que lo vi: Las típicas mariposas, los nervios de volver a verlo, los silencios incómodos, las risas idiotas, las promesas efímeras; la magia de los enamorados. El amor es siempre igual, es uno, es único. 'Quizás en esta oportunidad funciona. Ya estamos más grandes, sabemos lo que queremos.' Me decía y en realidad, la única que había crecido era yo. Sentí al amor en mis huesos otra vez y había sido gracias a él; nadie me había hecho sentir así. Nadie me había dado tanto con una sonrisa, nadie me había hecho ser feliz sólo siendo feliz... Pero, sólo la ilusión trae desilusión y, sin decir más, volvió a irse. Se fue pensando en él mismo, no le importó nada más, ni lo que sentía, ni lo que podía llegar a ser de mi si él no estaba conmigo; me hirió como jamás nadie lo había hecho y nuevamente me cambió. Su partida hizo de mi otra persona: cerrada, desconfiada, incapaz de volver a amar (por lo menos eso creía). No lo voy a negar, lo quiero y mucho. Lo amo. Pero mi confianza se quebró al igual que mi corazón. ¿Cómo hago yo para seguir? ¿Cómo se mantiene la mente en alto después de tanto dolor? No sólo me lastimó a mi, a mi corazón y a mi confianza, sino que también hirió a mi orgullo, y, para mí, eso es algo imperdonable.
Los días pasaban después de su partida y creía que nada tenía sentido. Todo guardaba relación con él, vivía en cada aroma, en cada libro, en cada canción, en cada recuerdo. No podía dejar de extrañarlo y lo único que hubiera pedido en ese momento si me daban a elegir, era un beso suyo, a pesar de todo el odio que le guardaba. Sí, lo odiaba. Odiar es nuestra peor forma de amar, creo yo. Lo seguía amando, pero no como antes. Ya nada era como antes. Antes su felicidad era mi felicidad y, en ese momento, su desdicha era mi satisfacción. Había momentos en los que dejaba todos mis sentimientos de lado y pensaba que, a lo largo de nuestra vida, siempre va a haber personas que nos lastimen y vamos a necesitar perdonarlas. Yo quería perdonarlo, podía hacerlo, mi orgullo podía ser dejado de lado nuevamente por él. Pero, ¿cómo perdonás a alguien que no quiere tu perdón? Tenía que entender que el tiempo había pasado para los dos y que, en vez de lamentarme, lo mejor era sonreír porque sucedió.
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